ARTÍCULOS MÉDICOS VETERINARIOS
PARA PROPIETARIOS DE MASCOTAS

Algunas bases

para comprender a nuestros perros

por el Dr Gustavo Ficher

                              ©Gustavo Ficher

(revista del Club Argentino del Cocker Spaniel Inglés 2004)

Algunas bases para comprender a nuestros perro

Seguramente todos recordamos como un día especial aquel en el que volvimos a casa con nuestro primer cachorro en brazos. Casi todos los que compartimos esta revista también recordaremos la primera vez que un cachorro de nuestra cria partió hacia su nuevo hogar. Ambos lados de esta historia depositaron en ese momento un mismo anhelo: el comienzo de una relación larga y fructífera entre ese cachorro y sus nuevos amos.

Indudablemente, gran parte del éxito de esa empresa descansa en que la relación entre esos  individuos pertenecientes a dos especies distintas pero tan afines desde hace tantos miles de años se desarrolle correctamente. Para ello es necesario que se comprendan lo mejor posible, y como el perro no puede adaptar su patrón comportamental específico a otro, somos nosotros los que debemos tratar de conocer cómo funciona este nuevo compañero y darle las mejores condiciones para que sus esquemas comportamentales no choquen con los nuestros y con nuestra cada vez más complicada rutina de vida. Se considera que adjudicarle a nuestro perro características, virtudes y defectos humanos (la llamada antropomorfización) es el problema más importante. El desconocimiento de que estamos frente a otra especie que tiene patrones de comportamiento y esquemas de pensamiento diferentes a los nuestros es no respetarlos. Pretender que este nuevo compañero cumpla un rol para el cuál no está preparado, es la principal causa de los fracasos en la tenencia de perros, la generación de situaciones conflictivas, dañinas especialmente para el perro y hasta peligrosas para la familia propietaria, ya que son la causa de la gran mayoría de los casos de agresión. Si queremos un bebé, realicemos los tramites biológicos o legales propios de nuestra especie para conseguirlo. Si queremos un objeto bello hay muchas otras alternativas más limpias, más silenciosas y menos laboriosas.

 

Quiero que ordenemos algunas ideas que muchos conocemos y que son importantes de ser transmitidas correctamente a los nuevos dueños a fin de que se establezcan desde el comienzo las bases de una correcta relación amo-perro.

El perro es esencialmente  un animal social y estructura toda su vida y sus actividades con respecto a sus compañeros. En la vida salvaje, éstos son los otros perros pertenecientes a su grupo social o manada. En nuestro caso, esos compañeros de manada son todos los animales de la casa, incluyendo otros perros y los humanos que vivimos allí. Como el perro criado en forma doméstica  tiene lo que se llama una doble huella, imprinting, o impresión que recibe luego de nacer tanto con la especie canina como con la humana, reaccionará ante nosotros de la misma forma que lo haría con otros perros. La manada tiene una estructura social vertical basada en niveles jerárquicos. Gracias a los programas de divulgación televisivos todos hemos oído hablar del macho alfa, que es el líder del grupo. Los demás integrantes de la manada van tomando posiciones jerárquicas en sentido vertical según distintas cuestiones como poderío físico, iniciativa de mando y oposición encontrada. Esta es la única manera en que el perro puede relacionarse con otro animal con el que convive, incluyéndonos a nosotros. No es bueno ni es malo; es así. Su cerebro no puede funcionar de otro modo estableciendo, por ejemplo, relaciones donde considere a otro de igual a igual, su par, como sí lo podemos hacer nosotros aunque a algunos empleados públicos detrás de un mostrador les cueste aceptarlo. El perro solo puede hacerlo dentro de un esquema jerárquico vertical. Quiero aclarar que esto no significa la guerra ni mucho menos y que estas escalas jerárquicas son dinámicas. El macho que mandaba se pone viejo o enferma y el hasta hace poco cachorro es ahora un joven fuerte que ya no acepta su rol y pasa a un nivel superior. Estos cambios pueden darse inadvertidamente para nosotros, mediante mensajes posturales, comunicación sutil que muchas veces no captamos plenamente. No debemos esperar una batalla donde uno venza al otro.

El esquema de jerarquía vertical de la manada la hace muy estable y provee seguridad para sus integrantes.

¿Cómo se comunican los perros sus roles dentro del grupo? Existen unos pocos puntos fundamentales que implican prerrogativas:

-Territorio: los superiores ocupan los sitios mejores, más importantes o estratégicamente ubicados.

-Comida: los líderes comen primero y muchas veces su sola presencia hace que los demás les cedan sus raciones.

-Sexo: los superiores tienen prioridad para la reproducción (a veces son los únicos) y lo realizan a la vista de los demás.

-Privilegios: en general los jerárquicamente superiores gozan de diversas prerrogativas sobre los demás.

Como dijimos que esto es dinámico, todo el tiempo hay pequeños conflictos sobre algún privilegio. Si para dirimir cada uno de ellos se generaran luchas donde un perro tuviera que matar a otro para establecer su derecho, resultaría muy costoso para la manada y para la especie en general. Por lo tanto los perros han desarrollado formas de comunicación complejas, que incluyen sonidos, gestos y posturas, que tienden a ritualizar la pelea. Tiene lugar una especie de teatralización o representación por medio de la cual un individuo le demuestra al otro que es mejor que no se peleen. El otro, a su vez, le comunica con gestos de sumisión, que acepta ese rol y con esto frena la agresión. Lo vemos todo el tiempo observándolos en casa o en una plaza. Si intervenimos lo único que haremos es entorpecer esa comunicación y cambiar el papel jerárquico de cada uno, ya que nuestra tendencia es defender al más débil, al que está tomando actitudes de sumisión, por lo cual el dominante tendrá que poner mayor énfasis en demostrar su superioridad. Empeoraremos los términos del diferendo.

Estas formas de comunicación y de relación con sus congéneres las desarrolla el cachorro desde edad temprana y es importante no aislarlo durante este período. Lo recomendable es no separar al cachorro de sus hermanos y su madre antes de las 8 semanas. A partir de allí se lo debe seguir estimulando en el sentido social con sus congéneres y con diferentes tipos humanos. Debo aclarar que la costumbre extendida de no sacar al cachorro hasta completar su plan de vacunas es errónea. Este es un período de riesgo para el cachorro, pero lo es aunque permanezca en su casa. Debemos hacer un buen plan de vacunación y evitar sí sitios que sabemos particularmente riesgosos, como podrían ser una exposición canina o una feria de reventa, para minimizar los riesgos. Pero la idea de que un cachorro está aislado por el solo hecho de no salir a la calle es completamente errónea, salvo que hablemos de un espacio estéril donde antes de entrar nosotros mismos nos coloquemos ropas estériles. Aunque no me gusta hacer paralelismos con los humanos, comparemos esta situación con un bebé al que no llevamos a casa de un pariente si hay alguien con anginas, pero no dejamos de sacarlo de paseo, de dejarlo jugar con otros niños o de ir a la escuela hasta que complete su plan de vacunas a los 16 años ya que obtendríamos un monstruo.

Volviendo al tema de la jerarquización debemos trabajar sobre los puntos mencionados más arriba. En su nuevo territorio debemos adjudicarle un sitio jerárquicamente poco importante, la cocina, un lavadero, un sitio confortable en el garaje. Nunca el dormitorio, menos nuestra cama, ni el living ni los sillones, ni un pasillo distribuidor de los dormitorios, sitios sumamente estratégicos. Esto como sitios de ocupación permanente. No quiere decir que no podamos permitirle, solo bajo nuestra iniciativa y permiso, que mire TV con nosotros en un sillón. No se trata de extremismos sino de mantener la actitud de iniciativa del manejo de la ocupación de los espacios.

Jamás debemos responder a los requerimientos de nuestra comida, debido al mensaje que esto conlleva. Estamos cediendo nuestra comida ante el requerimiento de otro individuo y sabemos que para el perro este es un claro y fortísimo mensaje de sumisión de nuestra parte. Y en general debemos tener el dominio de la iniciativa de cualquier interacción. Estas deben ser muchas, para eso tenemos un perro. Debemos mimarlo, jugar con él, sacarlo a pasear, cepillarlo. Pero siempre es nuestra decisión qué se hace y cuándo.

 

¿Qué está bien y qué está mal?

Salvo los de los dibujos animados, los perros no tienen valores morales para decidir sobre el bien y el mal. El perro relaciona eventos que ocurren simultáneamente. Según los expertos, el rango de relación se extiende a medio minuto. Si cierto hecho, si cierta conducta se relaciona con algo positivo, agradable, ésta conducta será considerada buena y tenderá a ser repetida. Si, por el contrario, las consecuencias de cierta conducta son desagradables, ésta tenderá a no ser repetida. En esto se basa todo el entrenamiento. En generar una conducta deseada y alentarla simultáneamente. Este hecho que suena tan simple debe tenerse siempre en cuenta si queremos que el cachorro considere bueno lo que es bueno también para nosotros. Nunca debemos premiar, alentar o castigar por un comportamiento que no esté sucediendo en ese momento. Ejemplos clásicos son los destrozos u orinadas que encontramos en casa al regresar y que fueron realizados quizás hace horas y el perro que vuelve finalmente a nuestro lado después de haber escapado. En el primer caso el perro entenderá nuestro reto y tomará actitudes de sumisión para apaciguar nuestro enojo (muchas veces pensamos que “se da cuenta que hizo mal”) pero no relacionará los hechos y menos tendrá un juicio moral sobre su comportamiento. En el segundo caso el perro relacionará el reto no por haberse escapado diez minutos antes sino con su regreso; la próxima vez tardará más en volver.

 

Muchos consideran que el temperamento y la conducta final de un perro dependen solo un 20% de la genética y 80% en el desarrollo de estos dos parámetros fundamentales a los que tratamos de asomarnos en esta nota. Estos son una correcta jerarquización y una correcta socialización. Más allá de las cifras que le pongamos, es evidente la tremenda, primordial importancia de nuestro accionar desde inclusive el período fetal. Y nuestro correcto manejo depende en medida fundamental del respeto al perro como especie diferente a nosotros con sus características propias. Si los humanizamos, sin dudas los perjudicamos.

Gustavo Ficher

Médico veterinario

Cirujano -
cirugía plástica y reparadora  
Clínica Médica de Pequeños Animales.

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